UN VIAJE EN METRO



imagen obtenida de google



Y aquí estoy junto a él en una habitación de un  motel, nerviosa, sudando, con el corazón palpitando a punto de estallar como si quisiera arrancar de este lugar.
Nos vimos por primera vez hoy en el metro cuando yo entre al vagón. El estaba allí, y me quede sin aliento cuando vi su piel morena y sus ojos verdes, vestía un traje negro, camisa blanca, el último botón estaba desabrochado y  la corbata la llevaba desordenada.
 Le sonreí y le coqueteé  descaradamente una vez que recobre el aliento, claro. Me hizo un gesto  y también sonrió. Era el hombre más sensual que había visto en mi vida y estábamos solo a un metro de distancia.
El comenzó a mirarme fijamente,  con sus dientes blancos y perfectos apretó sus labios e hizo un jueguito con su lengua, no pude evitar excitarme y desearlo, mi rostro delato el exquisito orgasmo que acababa de tener, me olvide absolutamente que a nuestro alrededor había más gente.
Ya debía bajarme del metro, y este placentero momento  quedaría atrás como anécdota y no sé cómo,  pero tuve el valor y en  un papel arrugado que encontré en la cartera le anote ni nombre y mi teléfono.
Un par de horas después nos tomamos un trago, y aquí estamos solos en una habitación de un motel deseándonos con pasión. Se paro frente a mí como en el vagón del metro, se ve tan sexy y otra vez juega a morderse lentamente sus labios carnosos porque el ya sabe que eso me excita. Sonríe y pide que me acerque, quedamos a milímetros de distancia, solo oigo su respiración agitada y mí aturdido corazón que palpita como si el mundo se fuera a acabar.
Cierro mis ojos, respiro profundo y por fin siento sus manos tocarme. Con la punta de sus dedos acaricia mi rostro, comienza en la frente, luego mis mejillas, la nariz  y finalmente se queda rosando solo con la gema de uno de sus dedos  mis labios húmedos  deseosos de ser devorados por su boca juguetona.    
Me beso desesperado, ya sin ningún cuidado  ni sutileza nos tocamos cada rincón de nuestros ardientes cuerpos  como arrancándonos la piel,  el placer parecía una explosión  de colores y sabores. 
Sabor a canela tiene su piel morena, sabor que en  cada beso que le doy a su cuerpo tibio y erizado  siento en mis labios y en mi lengua activando cada sentido posible y existente en mí ser.
Nuestros cuerpos entrelazados y enredados en las sabanas no impiden que la batalla de la piel comparta el sudor producido por cada una de la embestidas que una y otra vez nos hacen gemir y gozar de placer, tanto que casi ya no logro respirar, parece que fuera a morir y que mejor que en los brazos de este sexy moreno.


Comentarios

  1. Un relato excelente.
    Muy bien construido.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. El orgasmo dentro del metro me sofocó... después de eso, acabar en una habitación de motel es lo menos que podía ocurrir. ¡Y con un moreno!

    ;-)

    Besitos

    ResponderEliminar
  3. Insisto... ya no volveré a subirme al metro con las mismas expectativas...
    Moreno mío!

    ResponderEliminar
  4. conociste algun morenito, fresca.....

    ResponderEliminar

Publicar un comentario