PENSANDO Y ESCRIBIENDO SOBRE LA "LETRA B" Y CON "B" MI PALABRA ES: BARRO

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Barro.  Cierro los ojos, respiro profundo y evoco ese olor a tierra mojada y a infancia que tanto me gusta. Tomar la manguera y regar el jardín hoy es un ejercicio que me complace, lo primero es ver como la tierra seca y el agua se unen,  se convierten en barro y comienza a salir ese olorcillo que me llena de recuerdos de niñez; cuando con mi hermano menor, punta y codo nos arrastramos por el pasto húmedo de la casa de nuestros padres  jugando a la guerra, lanzando bombas de papel, algunas piedras  y salvándole la vida a un cachorro que tuvo la mala fortuna de cruzarse en esta guerra infantil, de donde generalmente salía bastante aporreado. Un día el cachorro cansado del abuso de estos soldados que decían salvarle la vida corrió frenético y le mordió la nariz a mi hermano, saltaba sobre su cara, sin soltar su nariz,  que risa, fue muy, muy gracioso. Guardamos el secreto; mamá y papá no se enteraron hasta hace pocos años atrás del mordisco y la batallas en el jardín. Vuelvo a pensar en el cachorro y lo recuerdo con su hocico con greda, greda entre sus pequeñitos dientes,  otra vez mi hermano y yo ¡pobre perro lo hicimos comer greda! aquel mordisco tenía una muy buena justificación, creo que yo también lo merecía.
Busco más recuerdos de infancia donde el barro era el protagonista y me veo claramente sentada en la calle con mis amiguitas cocinando con barro. Hojas, flores y plantas que a escondidas les robábamos a las vecinas para decorar nuestra comida recién preparada  en ollitas pequeñas de aluminio y tacitas de té plásticas. Sandra, Carla, Rocio y yo éramos las chef. En una ocasión la decoración fue pasta de dientes y sal que dejamos reposando y secando al sol toda la tarde.
Recordé a mi abuela, su enorme jardín y el invernadero, ¡que exquisito era el olor a barro y a tierra en esa casa! Yo tenía como 8 años, me pedía que la ayudara a sacar los caracoles porque le estropeaban las hojas y las flores más hermosas. En una oportunidad tomo caca de gato confundiéndola con una piedra, yo quise ayudarla y acabamos las dos con mierda de gato repartida en las manos y en la ropa. Que olor mas asqueroso, nunca más la ayude con los caracoles.
Como olvidarme del campo en el Sur, saltando los riachuelos, las zanjas, perseguir gallinas, pollitos, vacas y corretear a las llamas ¿llamas? ¡Realmente tengo una familia extraña! ¿Quién tiene llamas en el campo? Lo mejor era acorralarlas, pero ellas se defendían escupiendo una saliva verde, pegajosa que a mas de alguno le llego en la cara. Tener la oportunidad de ver a los chanchos revolcarse en barro, rascarse el lomo, pucha que tiene sentido el dicho “más feliz que chancho en el barro”.   La tarde finalizaba comiendo manzanas  directamente de los arboles.  A veces nos arrancábamos todos los primos al camino, camino de polvillo suelto amarillento a comer moras de la mata, si pasaba un vehículo quedábamos empolvados hasta las pestañas. La tierra, el barro y la mugre pegada a mi cuerpo y ropa volvían loca a mi madre.
Hay recuerdos que no puedo completar, pero no dejo de pensar en barro, diversión y mi hermano, compañero de todas las aventuras.
Bueno, vuelvo a mi placentero momento con la manguera en la mano regando el jardín. El agua invade e inunda la tierra;  las hormigas, tijeretas, chanchitos y que no se otros bichos comienzan su escape, no siempre me detengo a mirarlos pero sé que ahí están. Luego rocío las hojas del durazno que esta frente a la ventana de mi habitación, rocío las rosas rojas, los lirios y otras plantas de las que desconozco el nombre, la escarcha y los cristales de agua hacen de mi jardín un paraíso con un maravilloso olor a tierra, a tierra mojada, olor fuerte que se impregna en mi nariz y hasta me molesta, a veces estornudo sin parar, aún así me gusta el olor a la tierra húmeda, empapada, mojada; BARRO.
Conocí a una persona que desde el fondo de sus entrañas, no hay otra manera de decirlo, amaba comer tierra. Generalmente llevaba a sus hijos a jugar a la plaza, se sentaba en los banquitos donde las mamás se juntan a conversar y ven como sus niños juegan. Ella con su zapato cuidadosamente y suponiendo que nadie la observaba,  raspaba la tierra y cuando la veía sabrosa se lamia los dedos y la palma de su mano dejándola completamente ensalivada, en ese momento se agachaba y posaba su mano en el lugar donde había raspado obteniendo un suculento y apetitoso barro. Como una gata chupaba y lamia sus dedos, su palma, hasta acabar con la última gota de barro, sin desperdiciar nada. Ritual que hacia día tras día. En invierno era más fácil conseguir el botín, no había necesidad de raspar tanto, recuerdo haberle preguntado si sabía que ¿en ese lugar los perros callejeros meaban y cagaban? no le importaba.
Para las madres la mayoría de las veces el barro representa la mugre. Detergentes ultra, mega potentes que eliminan manchas insuperables. Hay madres, abuelas o quizás nanas estresadas que esperarían que sus niños no jugaran a la pelota, no se arrastraran en las plazas o aquellas terrazas enceradas con tierra roja simplemente para que no se ensucien o no estropeen la ropa, ya que esas manchas de diversión no las saca ni el mejor detergente del mundo, como tampoco las sonrisas en las rostros  de estos niños que tanto jugaron y disfrutaron en la tierra. Rodillas peladas y sangrando, sangre con tierra, piel con piedrecillas incrustadas, una madre histérica limpia esa herida, con la angustia de que después tiene que lavar y limpiar la ropa con barro y ahora con sangre.  Son muy pocas madres que disfrutan ver a sus hijos mugrientos después de una tarde de juegos, que entienden que ese momento puede ser eterno, que puede ser un recuerdo para toda la vida, puede marcar incluso el primer amor, el amor desde la máxima ingenuidad.  Como cuando  un día de lluvia que yo llegaba del colegio a mi casa con mi adorable uniforme y me encuentro con una imagen que jamás, jamás olvide.  Había llovido toda la mañana, como siempre las calles estaban inundabas, él barro corría por doquier. Me detuve frente al portón de mi casa, abrí la mochila de mezclilla para sacar la llaves, en ese momento una pareja de niños caminaba hacia mi tomados de la manito, el no tenía más de 8 años y la niña 6. Cuando cierro la mochila y pongo la llave en la chapa el niño tomo en sus hombros a la pequeña, la cargo y cruzo toda la calle con ella a cuestas para que no mojara, más las dos mochilas. ¡Eran tan pequeños! me quede mirando sin decir palabras y capture esa imagen para toda mi vida. Ese es el  amor más puro e  ingenuo que vi,  lo más probable es que hayan sido hermanos. Creo que hasta sentí envidia de tener a alguien que te proteja y te cuide incondicionalmente, ya que yo debía cuidar y proteger a mi hermano,  siempre me sentí muy sola. Pero entiendo la carga de ser el hermano mayor y entiendo también que el hermano menor no quiere ser protegido, no quiere que el mayor este encima cuidándolo, no quiere tener esa sombra pisándole los talones, no quiere escuchar que debe ser como su hermano mayor  ¡solo tiene dos años más! ¿Quién lo nombro el jefe?
Como dejar fuera la contingencia, cuando en el cajón del Maipo fuertes lluvias provocaron  un alud que arrastro grandes cantidades de barro y rodados sobre el cauce del rio, obligando a la compañía de agua a cortar el servicio por la turbiedad de esta en varias comunas de Santiago, llamando al caos y la locura colectiva en las personas afectadas. Diecinueve personas fueron rescatadas a raíz de las precipitaciones y el alud quedando aisladas.
Hay quienes encuentran sensual y erótico el barro. Ejemplo: Algunas personas tienen sueños y fantasías eróticas  revolcándose y teniendo sexo en el lodo, bajo la lluvia en plena vía publica. O masajes de relajo y baños de barro donde las personas pagan mucho dinero por tratamientos o no sé bien qué, pero suena raro pagar por embarrarse. También están las peleas de chicas en diminutos bikinis, lanzándose lodo hasta en los ojos, provocando no se que en los espectadores, que gritan y aplauden frenéticamente. Me imagino que esperan tener la posibilidad de acariciar piel embarrada.
Barro, lodo, greda, arcilla, fango con cualquiera de esos nombres podríamos llamarlo. Pero inevitablemente al decir barro lo primero que pienso es tierra y agua.

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Comentarios

  1. Hola Liz, buenas tardes,
    cuantos recuerdos,
    inolvidables momentos vividos y disfrutados al máximo,
    te aseguro que escritos como este, son los que me hacen desear (aún sabiendo que es imposible) vivir tan solo un día en el ayer.

    Sexo embarrados?
    mmm paso, ya no estoy para eso,
    ah, y menos para el tratamiento
    lo mio no se arregla con barro =)

    pero uffff chicas en el lodo.... si si si!!!! jajajaja

    Te deseo una bonita noche
    un beso grande

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  2. Gracias por compartir ese trocito de ti.
    El barro de tu infancia me ha hecho sonreír.

    Besos

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  3. Que entretenido, a mi me gustaba ir a pomaire a ver como hacían los chanchitos de greda. Lo que más me gustaba jugar era al negocio, teníamos una pesa y haciamos cambuchos con tierra dábamos vuelto y todo, tengo buenos recuerdos de los juegos de la niñez que después vi repetir en mis hijas porque también jugué con ellas.
    Un abrazo grande, muy lindo tu post.
    mar

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  4. Liz...

    Dibujaste tan bien ese respiro profundo... ese brillo de colores en tu mirada al sonreír... ese detalle simple que recrea lo mágico que es crecer... lo maravilloso de vivir...
    El Milagro está en los detalles... Uno de ellos es este sentir bonito que me has compartido... y te envío uno de esos abrazos que se recuerdan toda la vida... Porque es un Instante Mágico que me llevaré... el cual seguramente escribiré y sin saberlo agradeceré tu coincidir...

    Abrazoles Bonita...
    Mi Ser...

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